Lo asociamos con el mundo de las ideas, los pensamientos y la expresión. El aire nos enseña que la verdadera fuerza puede ser invisible. Este elemento da vida a través de la respiración, hace que la sangre circule y que nuestro cuerpo pueda moverse y conectar con otros con facilidad.

Un exceso de aire puede resultar en un sistema nervioso alterado, en impulsos repentinos y poca estabilidad en tu vida. Logras equilibrar tu elemento aire cuando estableces rutinas para tus tres cuerpos: el físico, el mental y el emocional.

Para que el aire fluya libremente, cultivar una actitud positiva, de fe y certeza permite canalizar bien las energías y los pensamientos que surgen a raíz de este elemento.

Tienes exceso de aire si te sientes:

  • Abrumado/a de muchas ideas
  • Sueñas mucho pero manifiestas poco
  • Criticas y enjuicias a los demás con frecuencia
  • Agotamiento

Estás en falta de aire si sientes:

  • Pocas o ninguna idea creativa para llevar a cabo tus proyectos
  • Bloqueos mentales y emocionales
  • Poca confianza en expresarte con los demás
  • Miedo a moverte

Puedes balancear este elemento adoptando los siguientes cambios:

  1. Medita. Quizás ya sabrás o has escuchado los beneficios de la meditación pero esta nos permite tranquilizar la mente y el cuerpo neutralizando las reacciones impulsivas y la irritabilidad ante sucesos fuera de nuestro control. La meditación nos centra para ver claramente qué nos duele, molesta o falta.
  2. Evalúa tu dieta. Una alimentación pesada puede influir en la ligereza y movilidad de tu cuerpo. Además de revisar una nutrición adecuada, privilegia frutas y vegetales en base de agua que sean fáciles de digerir.
  3. Haz cambios en tu rutina. Si el estrés y la agitación es algo que experimentas a diario, considera modificar tu manejo de tiempo y las prioridades en tu vida.
  4. Escribe en un diario. Deposita todos tus pensamientos e ideas en papel para identificar patrones y calmar el agite de tu mente. Inspírate en organizar las ideas y elegir cuáles proyectos puedes trabajar hoy y cuáles dejar para después.
  5. Comunícate mejor. Las palabras que dices son tan importantes (¡o más!) que los pensamientos que tienes. Abraza la gratitud y revalúa tu forma de emitir juicios. Si tienes dificultad en expresarte, identifica qué miedos o bloqueos puedes ir trabajando para que puedas organizarte, para que tú estés claro y los demás puedan entenderte.

 

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Escrito por:Natalia Bonilla

Soy periodista y productora independiente de documentales sobre paz y género. En mi blog publico entrevistas, apuntes de viajes, actualizaciones de proyectos y despertares sobre lo que ocurre en el mundo.

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