Los dioses que hay en ti

Queda evidenciado que las relaciones humanas pueden ser tan complejas como tan simples como queramos.

En la sección de Dualidad y Alquimia, hemos trabajado algunos de estos supuestos y hoy, con la publicación del más reciente artículo Las diosas que hay en ti, quiero compartir contigo esta nota complementaria sobre los arquetipos que activan más los hombres.

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Las diosas que hay en ti

Hace unos años leí el libro Goddesses in Every Woman, escrito por la psicoanalista Jean Shinoda Bolen. No sería años después que comenzaría a encontrar paralelos en el comportamiento de mujeres a mi alrededor: clientas, familiares, amigas, emprendedoras…

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Por qué la visualización es poderosa

“Lo único peor a no tener vista es no tener visión” – Helen Keller

La visualización es frecuentemente subestimada. Hay quienes les da pereza continuar después de un tiempo, otros que pierden la fe y otras personas que ni tan siquiera quieren “perder su tiempo” en lo que parecen ser “tonterías”.

Bueno, hoy quiero hablarte de la técnica que múltiples escritores exitosos han recomendado y por una justa razón: la visualización funciona porque es una técnica que te enseña a controlar tu mente.

¿Qué tan efectiva sea? Dependerá últimamente de ti.

Veamos,

Rhonda Byrnes:

“Éste es el problema. La mayoría de las personas piensan en lo que no quieren y no dejan de preguntarse por qué se manifiesta una y otra vez. La única razón por la que las personas no tienen lo que quieren es porque piensan más en lo que no quieren que en lo que quieren. Escucha tus pensamientos y tus palabras. La ley es infalible y no comete errores.”

“Cuando visualizas, materializas.”

Wayne Dyer:

“Si crees que funcionará, verás oportunidades. Si crees que no lo hará, verás obstáculos.”

“Puedes mirarte a ti mismo con ojos nuevos y abrirte a nuevas experiencias que nunca llegaste a pensar que podrían estar dentro de tus posibilidades como ser humano, o puedes seguir haciendo las mismas cosas, de la misma manera, hasta que te entierren.”

T. Harv Eker:

“Si quieres cambiar los frutos, tendrás que modificar primero las raíces. Si quieres cambiar lo visible antes deberás transformar lo invisible.”

“Los pensamientos llevan sentimientos. Los sentimientos llevan a acciones. Las acciones llevan a resultados.”

Y como ellos abundan las figuras ilustres que enfatizan en cómo los pensamientos están ligados a la ley de la atracción.

Tu mente crea tu realidad, siempre lo ha hecho, lo aceptes o no.

Consciente e inconscientemente tus patrones mentales, tus pensamientos de esta vida y de pasadas, los códigos de tus ancestros y su relación con el dinero, el amor, el trabajo y más han influido en tu crecimiento.

A mí me costó mucho entender esto. Rechacé mucha de esta información hasta que un día lo vi todo muy claro: mi resistencia generaba dolor.

Si sufría, debía soltar.

Aceptar.

Perdonar.

Abrir mi mente a explorar.

Así fue que conocí esta herramienta de visualización.

La visualización tiene la capacidad de transformar tu vida.

Te permite atraer las cosas que más deseas, eso sí, no confiando en tus tiempos kronos sino confiando en el kairos.

¿Cómo se hace?

Hay múltiples maneras. Las formas más comunes son crear escenarios en el subconsciente, a través de la meditación guiada o canalizada, o la creación de un mapa de deseos.

Ambas son herramientas MUY poderosas.

Sin embargo, la visualización creativa es arrolladora.

Más que repetir afirmaciones todos los días, al imaginarte con lujo de detalles el escenario que más deseas condicionas a tu mente subconsciente a actuar sobre esa realidad y por ende, atraes circunstancias que te confirman ese camino.

Una de las lecciones más importantes de practicar la visualización es elevar nuestra frecuencia, alinear nuestra energía para alcanzar la meta que nos hemos propuesto.

Esto no lo supe entender hasta hace unas semanas.

Es importante que veas que al visualizar no atraes el resultado, te posicionas en el espacio para que esa condición favorable ocurra.

Porque… una cosa es visualizar y otra, es actuar en base a la visualización.

Tus pensamientos crean tu realidad pero también tus emociones y tus acciones.

En muchas ocasiones no conseguimos lo que queremos porque hay un distanciamiento entre los tres elementos.

El universo no entiende discordancias.

Ejemplo, si pensamos en comprar un apartamento pero sentimos miedo de vivir solas o ni tan siquiera nos hemos sentado a ver los anuncios de bienes raíces, la visualización tardará tiempo en manifestarse.

Si has llegado hasta aquí y te interesa saber cómo se hace, aquí te comparto una lista breve y muy útil:

  1. Elige un objetivo. ¿Qué quieres alcanzar? Sé totalmente específica. Ejemplo: Quiero x cantidad de dinero para ingresar a la Maestría en diciembre 2019.
  2. Elige el por qué. ¿Qué te motiva a alcanzar esa meta? Muchas personas caemos en el error de querer porque está de moda o por expectativas ajenas y eso también dificulta la manifestación porque no siempre, lo que pensamos que queremos obedece los deseos de nuestra alma o corazón. Antes de meditar, cuando hagas tu lista de deseos, te invito a distinguir la voz de tu Ego vs. la voz de tu corazón. Guíate por la última.
  3. Medita. Cierra los ojos y enfócate en tu respiración. Relaja todo tu cuerpo y cuando te sientas cómodo con tu deseo, siempre en positivo, empieza a imaginar cómo sería llegar a esa meta.
  4. Crea con tus 5 sentidos. Nos enfocamos mucho en cómo se va a ver y poco en cómo se sentirá lograr lo que más queremos. ¿Cómo se escucha el escenario? ¿A qué huele el lugar? Profundiza totalmente en esa experiencia y deja que tu cuerpo la sienta. Reconoce esa vibración en ti y sostenla lo más que puedas. Mientras más detallada sea tu visión más podrás sentirla.
  5. Practica con frecuencia y suelta. Sonará muy contradictorio pero esta parte tiene mucho que enseñarnos. Cuando practicamos la visualización, es importante desapegarnos del resultado. ¿Por qué? Porque tú sólo eres un componente de la ecuación. Tu meta depende de circunstancias, otras personas y energías que no están bajo tu control. Por eso es importante, abrirnos a las posibilidades para llegar a la meta y no obsesionarnos con la única imagen de ruta que hemos creado en nuestra cabeza.

Soltar, en este ejercicio, implica confiar.

Soltar no significa dejar ir lo que acabas de reprogramar.

Soltar significa confiar que estás alineado, que viste y que por ende, eres capaz de crear.

Cuando vemos, creamos.

Haz tu parte y ábrete a co-crear con el universo. 

Y disfrútate el camino… grandes sorpresas vendrán.

En los próximos días te estaré compartiendo una serie de posts sobre cómo hacer una visión a futuro (haz click en este post) y mapas de deseos que espero te sean de utilidad para aclarar tu camino y manifestar una nueva realidad.

La guerra interna de Marie Colvin

Hay pocas mujeres periodistas corresponsales de guerra. Colvin fue una de las más admiradas por su tenacidad y talento de relatar el sufrimiento humano de los conflictos en países de Asia, los Balcanes, África y el Medio Oriente para el periódico británico The Sunday Times.

Pero su vida personal no fue tan glamurosa. Cubrir guerras tiene un precio. La periodista estadounidense sufrió de estrés postraumático en múltiples ocasiones. Se refugió en los cigarrillos y el alcohol.

Su deterioro es paralelo a la degradación de los conflictos armados en la actualidad.

Ese deterioro físico, mental y emocional es presentado con brutal honestidad en la película biográfica A private war (2018).

El filme dirigido por el documentalista Matthew Heineman, inspirado en el artículo de Vanity Fair de su mismo nombre, carece de dosis de teatralidad.

La configuración de escenas emblemáticas en la carrera de Colvin evocan gran naturalidad: la guerra civil en Sri Lanka, donde Colvin perdió su ojo izquierdo; la invasión en Irak; la insurgencia en Libia; la guerra en Siria y esa trágica cobertura en Homs, donde la corresponsal perdió su vida.

La actuación de Rosamund Pike como Colvin es magistral. Y lo digo porque, como periodista, pude conectar con las mañas de su personaje desde el principio. Me sentí muy identificada con la historia de Colvin. Hubo escenas, miradas, pensamientos y miedos que yo también experimenté en mis coberturas en Israel, Turquía, Colombia y Guatemala, entre otros países.

En ocasiones, vi en los ojos de Pike la desolación de Colvin, la mía y la de decenas de colegas periodistas más ante los conflictos y la indiferencia de las sociedades en las llamadas superpotencias.

En ocasiones, entendí el conflicto interno de Colvin de seguir esa vida o tirar todo por la borda. Vacacionar en las Bahamas, elegir una vida tranquila en casa, desatenderse del dolor de personas que no veríamos jamás.

En el filme se presenta cómo Colvin lucha contra el sistema, la industria de los medios de comunicación que privilegian la negatividad, la sangre, la muerte y la destrucción y cómo… quiso salirse de ese círculo vicioso.

Porque después de Libia, ella percibió que los periodistas habían perdido poder. Que los medios ya no influenciaban la toma de decisiones de los Gobiernos en intervenir en conflictos extranjeros. Que por más real y honesto que fuesen los retratos de estas vidas perdidas, de estos crímenes de guerra, la opinión pública ya no se inmutaba.

Evolucionamos…perdiendo interés, empatía, coraje ante el dolor.

Caímos en una era de deshumanización.

En meses en que el tema de la posverdad, las noticias falsas y el miedo al Otro están socavando el ejercicio del periodismo y reformando las salas de redacción, el filme busca rescatar la esencia de la práctica.

Y enfatiza en su debilidad:  cada vez es más difícil conectar.

En una escena el editor de Colvin le dice, tras meses de ausencia en el campo, que tiene que volver a reportar y ella le discute que no lo hará por más premios y reconocimientos. Que reportar ya le afecta. Ya perjudica su vida afectiva, tu salud mental y emocional, y que eso a los editores y jefes de medios no les importa.

Son los periodistas carne de cañón para la venta del sensacionalismo.

A lo que el editor le comenta que si ella pierde convicción en reportar, ¿qué esperanza le queda al resto de las personas que no pueden viajar y ver estas atrocidades con sus propios ojos?

Nadie obligó a Colvin a seguir esta ruta. La película no la presenta ni como heroína ni como víctima de sus decisiones. Ella sabía a lo que se exponía. Ella decidió apostar por la verdad.

Para ella pesó más demostrar la indiferencia global: cómo hemos perdido interés por el mundo, cuán desconectados estamos de la realidad, cuántas injusticias permitimos que ocurran por la falta de diálogo, cuánto nos separamos del Otro por ser de otra cultura, otra clase, otra mentalidad.

Porque “allá ellos”, “yo estoy bien acá”…

En fin, ¿la recomiendo? Sí. A private war no es una película fácil de ver con palomitas. Es un retrato ni muy cruel ni muy sensacionalista de una mujer que decidió cargar con el peso de la ética periodística y la indiferencia del mundo a sus espaldas intentando con sus reportajes y el trabajo con el fotoperiodista Paul Conroy que las injusticias nos importaran.

Cuenta con refugiados reales como actores de reparto en todas las escenas grabadas en Jordania, uno de los países con más refugiados del mundo. Cuenta con una magnífica canción escrita por Annie Lennox: Requiem for a Private War.

Muestra el precio de ser testigos de la violencia y el precio de no actuar.

Muestra cómo hemos caído y lo que nos falta para levantarnos como sociedad global.

Libros relacionados:

  • On the Front Line, the collected journalism of Marie Colvin
  • The Face of War, Margaret Gellhorn
  • Ante el dolor de los demás, Susan Sontag