Taller Virtual 2/julio: El camino del héroe y la heroína

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¿Sientes que repites patrones en tu vida? ¡Descubre cómo el camino del héroe y la heroína pueden cambiar tu vida!

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Qué es y cómo se inicia el empoderamiento femenino

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El empoderamiento femenino fue un término que resonó internacionalmente en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en Pekín, China, en 1995.

En aquel entonces, la expresión fue usada por las Naciones Unidas para promover el incremento de participación de las mujeres en dos áreas: acceso a puestos de poder y la toma de decisiones en múltiples esferas de la vida privada y pública.

Representantes de 189 gobiernos acordaron la Declaración y Plataforma de Acción de la Beijing, un estrategia clave que establecía objetivos y medidas del progreso de las mujeres y la consecución de la igualdad de género a nivel internacional en 12 áreas primordiales:

La Plataforma de Acción adoptó dos compromisos principales de cambio:

En primer lugar, hizo un llamado para garantizar la igualdad de acceso de las mujeres y su plena participación en las estructuras de poder y la toma de decisiones.

En segundo lugar, la plataforma instó a adoptar medidas encaminadas a incrementar la capacidad de participación de las mujeres.

A raíz de esta Conferencia, académic@s, activistas y líderes de movimientos sociales propinaron nuevas dimensiones más allá al término más allá de la política, refiriéndose al mismo como un proceso de desarrollo y emancipación de la mujer tanto a nivel individual como colectivo.

A nivel individual, se hace referencia al “poder interior” de la mujer, la imagen de sí misma, su autoestima, identidad y la fuerza psicológica que tiene para definirse y responsabilizarse por la vida que quiere vivir.

Esa capacidad de “saber ser” variará según el impacto o la influencia que tenga la cultura y su comunidad más inmediata sobre ella.

Esto nos lleva a replantear cómo funciona el empoderamiento a nivel colectivo lo que se medirá según cómo los gobiernos, leyes, instituciones o comunidades permiten o no el desarrollo y la toma de decisiones de las mujeres como individuos y de qué forma: si es en igualdad de condiciones o en desventaja económica, política, social o las tres.

Una guía metodológica creada por el Grupo de Trabajo Género e Indicadores de la Comisión de Mujeres y Desarrollo (accede al documento en español aquí) establece cuatro aspectos del empoderamiento femenino para iniciarlo a nivel individual y colectivo:

  • “TENER (poder de) Este concepto hace referencia al poder económico reforzado en términos de beneficios materiales como, por ejemplo, los ingresos, las tierras, las herramientas o las tecnologías. Sin embargo, este poder económico no se ve limitado a la posesión de recursos y riquezas, sino que también incluye una salud mejor, ganancia de tiempo, el acceso a ciertos servicios como el crédito, la información y la formación, los  centros de salud, el mercado, etc.
  • SABER y SABER-HACER (poder de) El “saber” hace referencia a los conocimientos o competencias prácticas e intelectuales reforzadas que permiten gozar de manera óptima de las oportunidades que se le presentan al individuo o a la comunidad. Se trata de la gestión de personas (liderazgo), de técnicas o procedimientos, de las formaciones (alfabetización, etc.) y del desarrollo de las capacidades de análisis crítico del pensamiento y del razonamiento. El “saber hacer” pone de manifiesto la importancia de la aplicación de los conocimientos o la capacidad de traducir los conocimientos en acciones o en recursos.
  • QUERER (poder interior) Se trata del poder interno, la fuerza psicológica o el poder espiritual: valores, miedos, la confianza en sí mismo/a, la imagen de sí mismo/a. La capacidad y la voluntad de hacer por sí mismo/a elecciones sobre su futuro. Tomar conciencia de su propio proyecto de vida y de los retos a los que se enfrenta su comunidad. El concepto «querer» comprende al mismo tiempo dos elementos: el estado de ánimo (ser) y la capacidad de utilizarlo para con el otro (saber ser). 
  • PODER (poder interior y poder con) Tener la posibilidad de tomar decisiones, de asumir responsabilidades, de ser libre en sus actos y de utilizar recursos propios (tener, saber, querer). La toma de decisiones engloba varios aspectos:  tener la posibilidad de tomar decisiones por sí mismo/a; tener la posibilidad de participar en la toma de decisiones; tener la posibilidad de influir en la toma de decisiones y controlar a aquellos o aquellas que tomen las decisiones en su nombre;  tener la posibilidad de tomar decisiones por los otros, de mandar (en el sentido de que en ciertas situaciones siempre hay una persona debe tomar una decisión por todos).”
    Guía Metodológica, Comisión Mujeres y Desarrollo

Una vez entendamos la complejidad de este proceso, ¿hay una ruta ya delineada a seguir?

Según un documento de ONU Mujeres – UN Global Compact, hay 7 principios básicos para lograr el empoderamiento de las mujeres:

  1. Promover la igualdad de género desde la dirección al más alto nivel.
  2. Tratar a todos los hombres y mujeres de forma equitativa en el trabajo – respetar y defender los derechos humanos y la no discriminación.
  3. Velar por la salud, la seguridad y el bienestar de todos los trabajadores y trabajadoras.
  4. Promover la educación, la formación y el desarrollo profesional de las mujeres.
  5. Llevar a cabo prácticas de desarrollo empresarial, cadena de suministro y marketing a favor del empoderamiento de las mujeres.
  6. Promover la igualdad mediante iniciativas comunitarias y cabildeo.
  7. Evaluar y difundir los progresos realizados a favor de la igualdad de género.

La tendencia de empoderar a las mujeres ha cobrado auge en los últimos años en particular porque lograr la igualdad de género no sólo ayudaría a la construcción de sociedades más justas, pacíficas y equitativas sino que además, fortalecería la economía y mejoraría la calidad de vida de la Humanidad.

Precisamente, se estima que el empoderamiento económico de las mujeres podría añadir hasta más de 12 trillones (otros estimados aseguran que sólo 6 trillones) de dólares estadounidenses al PIB de la economía global.

Según el Foro Económico Mundial, el desarrollo económico de los países y la igualdad de género van de la mano.

Sin embargo, las barreras estructurales, culturales y la violencia contra las mujeres en la mayoría de los gobiernos del mundo dificultan que esa realidad sea posible.

¿Quieres leer más artículos sobre empoderamiento femenino? A continuación te comparto lecturas y libros recomendados:

Qué esconde la danza árabe

Similar al yoga, esta práctica corporal ha sido masificada, estereotipada y condenada por la sociedad.

La pregunta que hay que hacerse es… ¿por qué?

La danza del vientre, danza árabe o el “belly dance”, como es conocida en inglés, tiene múltiples beneficios para las mujeres (y los hombres, ¡que también la practican!) tales como: fortalecer el autoestima, balancear los chakras, corregir la postura corporal, mejorar la flexibilidad, trabajar la zona pélvica y abdominal, favorecer la digestión y despertar la sensualidad, entre otros.

Ayuda a desatar y equilibrar la kundalini, aliviar el estrés, abrir la creatividad y reducir tensiones musculares.

¿En qué momento la vimos sólo como algo “bajo”, un elemento de “seducción” o “rechazo” para alimentar la mirada de un Otro? 

Este fin de semana fui a la Convención de Belly Dancing de Miami y tras varias presentaciones y las reacciones del público, me hice estas y otras preguntas.

En Latinoamérica, Shakira fue una de las cantantes que más ayudó a popularizar la danza árabe en el continente pero sus presentaciones formaban parte de un espectáculo. La práctica al igual que sus raíces libanesas-colombianas la distinguieron de otras cantantes pop-rock en la industria del entretenimiento sin embargo, esa jugada no incluía honrar la esencia de esta danza.

Entiendo que tampoco era su rol, como artista, defenderla.

Con eso dicho, son pocas las maestras de danza árabe que actualmente, respetan los orígenes “no-seductores” y más transformadores de estos movimientos corporales.

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Ante la presión porque no se pierda el interés, la mayoría de bailarinas y empresarias recurre a uno de los dos extremos: la técnica o el goce por atención.

A ser muy metódicas y escultoras de sus cuerpos que se pierde la esencia y la diversión o a ser extremadamente coquetas, ruidosas y dispuestas a apropiarse de secuencias de otras culturas sin sensibilidad alguna, todo por hacer un “show”.

De ahí que surjan estereotipos que hieren colectivamente a las mujeres que han encontrado en la danza del vientre una forma de liberación.

Creencias y comentarios como:

¿Me vas a seducir?

¿Por qué no me bailas en privado?

A ti lo que te gusta es enseñar los senos y mover el trasero.

Eres peligrosa. ¿Cuáles son tus intenciones?

Si te tienes que vestir provocadora para empoderarte, no eres feminista.

Sin duda, considero que masificar el arte lo destripó de toda emoción para la practicante y no el público espectador. La audiencia se emociona mientras más flexibilidad y más “cachondeo” se exhiba (un poco evocando el morbo silencioso que genera el burlesque).

Es en esta búsqueda de validez externa que se ha perdido la noción de que este tipo de baile permite a la mujer y al hombre empoderarse. Y es que, hasta esa palabra, ni sabemos a ciencia cierta qué significa. La han desgastado tanto que ni creemos en ella.

¿Cómo ayuda al empoderamiento? Enseñándote exactamente lo mismo que cuando aprendes a montar una bicicleta: conciencia de tu cuerpo.

Te permite adueñarte de él.

Una de las primeras lecciones y las principales que rigen el belly dancing tradicional es el movimiento del 8, número, símbolo que representa el infinito.

El abrirte a dar y recibir, mover la energía de adentro hacia afuera y viceversa, forzándote a mantener firme tu centro: el abdomen.

Activa el chakra sacro, el goce y la creatividad. Activa el chakra raíz al pisar fuerte con tus pies descalzos. Activa tu chakra del plexo solar, la voluntad y el “yo puedo”, eres merecedora de felicidad, alcanzar lo que te propongas: capaz.

La secuencia de los 7 velos es una de las más preciadas para la transformación consciente así como la danza del sable que permite destruir obstáculos y abrir paso a nuevos caminos.

Novelas como El Clon, versión brasileña y la más reciente Miami-style, centraron el drama y publicidad alrededor del belly dancing. La protagonista, si quiere al hombre, lo seduce primero a través del baile. Si es en colectivo, los hombres esperan que ella haga un show. En la recámara privada, más vale que use los vestidos de colores y los diamantes que le regalaron en una sesión de baile como parte de los preliminares a hacer el amor.

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El punto aquí es resaltar que la tentación no viene del baile, que no tiene por qué rechazar lo erótico, sino de la construcción de significados que le imprimen ciertas culturas.

Si nos remitimos a sus orígenes, encontraremos que las mujeres en Egipto,  Líbano, España, Turquía, Siria y otros países más interpretaban esta danza de maneras diferentes. En sus inicios no era un baile para hombres sino para gozarlo en círculos de mujeres. 

Hoy es difícil encontrar espacios de instrucción que no intenten objetivizar el cuerpo de las mujeres. Bajo el pretexto de “despertar a la diosa” busquen “empoderarlas”, “endosiando” sus cuerpos por lo que provocan en otros y otras. No en los beneficios que tiene la práctica para sí mismas.

“Que mejor algo que nada”,  “que no será yoga de la India pero prefiero que sea moda el yoga light y no los videojuegos”, “que la mujer aprenda a ser femenina con el belly dancing a lo reggaeton que con los concursos de belleza”, así me han dicho.

Ok, lo que veo con esos planteamientos es que el enfoque está en el “hacer algo” y no en el significado de lo que se reproduce. La solución que se normaliza es un parche. Vender la danza del vientre para la mujer que no se sienta sexy, parche. Para mantener la figura, seducir al marido, volverte más linda, más “empoderada”, parche.

Parche si no se atiende la raíz.

IMG_4653Usualmente, quien inicia el belly dancing lo hace porque quiere conectarse con su feminidad. Lo que he visto, como practicante, es que quienes se adentran en la práctica de manera genuina buscan explorar su cuerpo, entender la energía dentro de él y sí, fluir, gozar, reír.

Hay demasiada promoción de lo que provoca en otros el título de bailarina de danza del vientre (admiración, atracción sexual, envidia, estatus) y poca en los beneficios personales que esconde. 

Eso es lo que me preocupa y por tal razón, te planteo esta situación.

Seguramente, la puedes exportar a decenas de otras modas y tendencias de tu preferencia y encontrar similitudes o diferencias.

Te invito a hacerlo y preguntarte: 1) ¿en qué momento ocurrió la distorsión?, 2) ¿qué intereses alimentan? y 3) ¿por qué?

Los caminos que elegimos

Puede que, quizás, tal vez elegimos caminos por las expectativas que tenemos de ellos. Quizás no tanto porque queramos vivir la experiencia que ofrecen, las lecciones que tienen para enseñarnos.

Tal vez queremos entrar con un rol asignado y no abrirnos a la posibilidad de que el andar nos cambie. Quizás, tal vez, emprendemos una ruta queriendo una imagen exacta del destino final y nos olvidamos… que todo camino tiene obstáculos, malezas, paisajes, recompensas.

Si el miedo te paraliza, si te cuesta cruzar el umbral, puede que no sea el tiempo todavía. Puede que no estés mal. Los caminos son sólo eso: veredas hacia un algo, un qué, una meta.

Elige cuáles según cómo te sientas, no compares la imagen de éxito tuya con los trayectos de alguien más. Esto te lo digo porque tu experiencia de ruta sólo la vivirás tú. El resto de nosotr@s seremos testigos, transeúntes, canales, compañeros de viaje, maestros o estudiantes de aprendizaje.

Somos y seremos seres de luz, igual que tú, buscando entender y sentir esta cosa -a veces dolorosa, a veces divina-que llamamos vida.

Namasté.

Ayer, hoy y siempre.

Supernova

Que aunque lo hayamos perdido todo (material, emocional, social y financieramente), soltemos el control. Dejemos ir, confiando en un mejor plan superior. Que el miedo al abandono, el fracaso, la soledad no sea más fuerte que la esperanza de que el camino siempre tiene un fin.

Al perderlo todo, perdemos el miedo también. Y esa sensación de destrucción es pura y universal porque del estallido, del caos de la energía nacen las estrellas.

Hoy una colega me recordó cómo se creaban las supernovas. Para que brillen con tal intensidad necesita ocurrir una explosión de una estrella enana blanca que con su luz puede eclipsar toda una galaxia.

También me recordó la diferencia entre rendirse y tirar la toalla. Rendirse es mejor porque es reconocer que no tienes todo el control y te rindes a una fuerza superior. Aceptando que tu forma de hacer las cosas no es necesariamente la mejor forma para hacerlas. Tirar la toalla es soltarlo todo lastimando tu ser superior y pensando que el universo te castiga porque no eres suficiente y tus sueños tampoco lo son.


23559483_10155586107814845_6353317047469259022_nRendirse es confiar en la abundancia. Tirar la toalla es vivir en carencia.

A este punto ya no queda nada, queda el todo de lo nuevo y el punto de quiebre por llegar. Yo no quiero culminar contándoles lo duro que ha sido y lo mucho que duele este proceso, al contrario, quiero reafirmarles el alivio que llega con la gratitud y con la fe.

Cuando drenas quién fuiste, tienes el espacio libre para construirte de nuevo. A tod@s l@s que han llegado a la cúspide del sufrimiento, los invito a soltar, confiar.

Estallen hasta ser supernovas.

“Sólo en la prueba de fuego se sabe si el acero es real”.