El silencio de la Tierra

Es un vacío de sonido lo engloba todo. Intentar oír tu propia voz es inútil.

Hoy no era el día más idóneo para ir a la laguna Quilotoa. El pronóstico del tiempo vaticinaba lluvias torrenciales y de regreso nieve comenzó a caer en los cerros.

Tampoco empezó bien para mí con una caída aparatosa en la mañana que dejó parte de mi cuerpo paralizado. Sin embargo, algo me decía que fuera a pesar del dolor.

Cuando llegué no habían turistas, solo los operantes de hostales cerca de la reserva. Niños regresando a sus casas de la escuela; algunos los perseguían las ovejas.

Descubrí por qué lo llamaban un lugar sagrado. Y bendije cuántos tropiezos tuve para llegar ahí.23472928_10155579437829845_5714452131029959267_n.jpg

Benditos sean estos centros energéticos que son un reflejo del más puro amor. Cuando la brisa tenue te abraza para reiterarte que no estás sola, que eres suficiente sólo por existir. Pero más importante decirte con la quietud que aquí eres parte de un todo porque tú también eres el todo. Que las preocupaciones creadas por la sociedad sólo son desvíos, distracciones de lo esencial.

Solía decirle a mis  amigos que cuando tuvieran que tomar decisiones se sentaran debajo de un árbol, después cambié y les pedía que abrazaran un árbol. Hoy pienso que es mejor que respiren conscientemente, que se pierdan en la majestuosidad de la madre naturaleza.

La Tierra nos enseña a amar, sanar, vivir. Quien busque maestros en otra parte pierde su tiempo.

Permitámonos la apertura para sentir el pulsar, conectémonos con la fuente de vida universal y seamos conscientes de cómo la usamos, cómo nos referimos a ella.

Somos abundancia porque ella es abundancia.  Regresemos a ella. Conservémosla.

 

(Fotos de Natalia Bonilla, Ecuador 2017)

La suma de tus viajes y la magia del cero

En la Ciudad Mitad del Mundo no sientes que literalmente estás en la línea equinoccial ni en la Latitud 0,0′,0” a no ser de que alguien te lo diga, que los pasquines te lo recuerden o que el guía te lo repita una y otra vez. Al llegar al tope de la colina para entrar al complejo turístico, una sorpresa te invade. Quizás te falta un poco el aire por la altitud pero la vista más hermosa rodea la atracción. Estás entre montañas inmensas,  el ruido del pueblo y los coches desvanece con cada paso y sólo escuchas al aire susurrarte suavemente al oído.

Te preguntas, ¿qué vine a hacer aquí? ¿Por qué este lugar es significativo para mi ruta de viajes?

4D7D23A0-CCC9-44E4-8CA5-6A65E113E0A8.jpegLas respuestas a estas incógnitas no me llegaron de inmediato. Tuve que pasar tiempo en el lugar, sentarme en el suelo, observar. En mi primera visita a Ecuador, vine a la atracción en uno de mis dos días libres antes de realizar unas entrevistas y no imaginé que me llevaría una impresión tan grande.

Verás, mientras más me acercaba al monumento -construido en 1979- más me planteaba a dónde había ido y por qué no empecé mi ruta por el mundo aquí. La calma del espacio  era invasiva aún cuando de vez en cuando un grupo de turistas te sacaba de concentración con sus gritos.

¿Concentrarme en qué? En los viajes que hice, qué dejaron en mí, cómo cambiaron mi forma de ver cada cultura y país, cómo antes escogía cualquier motivo para viajar y ahora me tomo mi tiempo para planificar. Porque no se disfruta al máximo cuando se viaja para escapar. Se disfruta al máximo cuando viajamos para vivir, crecer, compartir, evolucionar.

Recorrí los cuatro puntos cardinales y caminé por la simbólica línea equinoccial (que en verdad es una franja de 5 kilómetros de ancho). Sonreí por lo trillado de las fotos y por la edificación de un sitio emblemático y tan sencillo como este.

Sin embargo, entre múltiples museos, cafeterías y estatuas de colibríes lo más que me llevé de esta experiencia fue reflexionar en la suma de mis viajes. ¿Cuánto aprendí de ellos? ¿Quién fui en cada uno? ¿Qué cambiaría si me tocara volver a las ciudades que una vez pisé? ¿Qué no me atreví a hacer por miedo o por no llamar la atención como periodista o viajera mujer?

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Pero más importante aún, me quedé con la sensación de no tomar los próximos viajes a la ligera. Que planificar está bien pero querer verlo todo en una misma semana sólo te pone más presiones de las que necesitas. Que es mejor dejar la vida pasar y fluir con ella. Ser parte de la historia de otras personas sin importar cuán breve sea el encuentro. Apreciar los intercambios cotidianos, el “buenos días”, el “disculpe dónde queda”, el “no se preocupe”, el “gracias por todo” mirando y diciendo también con los ojos.

Aceptar que fuimos un momento para alguien, comprender que ellos fueron un momento para nosotros y aprender la diferencia entre qué memorias atesorar y cuáles dejar ir.

Que la vida es muy bonita como para despreciarla porque no es como nosotros 1AB983CA-39F1-4A58-A610-AEEA8FC65756 (1)quisiéramos. Que tomársela muy en serio no lleva a nada bueno y que controlar todo lo que ocurre a nuestro alrededor, no nos hace más responsables. Nos hace menos abiertos al vaivén de la vida.

Todos somos pasajeros en ella, nuestro cuerpo algún día dejará de ser el vehículo compinche de nuestras aventuras. Y reconocer esa inevitable realidad está bien. Lo importante será estar felices con el modo en que preferimos vivirla porque cada elección tiene un precio.

Elijamos bien y cuando no, recordemos que mientras haya vida siempre podemos empezar de cero.

Siempre podemos elegir vivir de nuevo.

 

(Fotos por Natalia Bonilla, Quito 2017)

El sucesor de Rafael Correa

Qué decir de los candidatos que se prestan a ocupar la silla presidencial de Ecuador, que no se haya dicho ya.  Sus propuestas. Qué decir de la despedida (quizás temporera) a uno de los líderes más carismáticos y polémicos en Latinoamérica. Su legado.

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