Aprendiz de las leyes del universo

Naufragué, kilómetros antes de llegar a la orilla. Las pruebas del viaje, los monstruos que batallé, los días y semanas sin ver tierra y las dudas, agotaron la energía que tenía en mí.

El desgaste emocional era tal que, para el tiempo que pedí ayuda al Universo, a Dios, a la Diosa, jamás esperé que el barco de rescate fuese una persona. Habíamos coincidido par de veces compartiendo pequeños retratos de aventuras por el mundo, yo con Gaia y ella con los saberes ancestrales de la India. Esta vez nos vimos. Yo resuelta a dejar de luchar con el agua en el cuello, lista para mi destino. Aceptar el naufragio, el fracaso, las pérdidas. Ella lista para dar, ofrecer sus saberes, abrir puertas bloqueadas.

Fue en un encuadre de mis constelaciones familiares que me hizo notar mis puntos ciegos. Los hizo visibles para mí. Descubrí, aturdida entre tanta información cósmica, que todo el tiempo había nadado con un ancla halando mis pies hacia las profundidades del mar. Un ancla que no quería conscientemente ver, que le restaba importancia, que mi ego no quería reconocer… ni agradecer.

Describir el tumulto de emociones que experimenté la tarde de ayer sería una odisea en estos momentos. Sería revivir historias, personajes, contextos. Llegué a mi cama deshecha y sin embargo, clara. En paz. Porque todo cumple un propósito.

Mi mayor lección fue hablar de corazón ante al universo y decirle “Aquí estoy. No conozco tus leyes y estoy lista para aprender. Enséñame el juego”.

Hoy desperté con los ojos puestos otra vez en la muy alcanzable orilla, esperando las coordinadas del viento para nadar a consecuencia. Agradecí el ancla que ató mis piernas por tanto tiempo y dejé ir las energías de ella que no me pertenecían, aceptando las decisiones que otros tomaron por mí. Por más injustas que me parecieran, por más culpable que me “debía” sentir.

Mi trayecto me ha llevado ahora a ser aprendiz de las leyes del ”Tiempo” y su relación con todos los elementos que nos rodean. Ese es mi karma heredado, la herida que vine a sanar en esta experiencia terrenal.

Aquí estoy. Respirando de nuevo. Educándome en el arte de fluir de la mejor y más elevada manera posible.

A todos los náufragos y salvados que me leen, namasté.

InnSaei, el poder de la intuición

Recibimos información, apps y programas de muchas partes y sin embargo, ¿estamos más conectados? ¿Conectados con nuestro ser y el mundo a nuestro alrededor?

InnSaei (2016) es un documental producido por Kristín Ólafsdóttir y, a la misma vez, una palabra con múltiples significados en Islandia. La palabra se puede referir al “mar interno”, “conocerse a sí mismo” o el compás de “ver adentro para entender afuera”.

En una era donde los estilos de vida nórdicos como el hygge y el lagom son moda, InnSaei se proyecta como el singular que confía en el poder de la intuición.

Ayer me crucé con el filme en una de esas búsquedas aleatorias en Netflix sólo para encontrar una pequeña aventura. Como obra investigativa, la historia carece de momentos de impacto y puede ser lenta para algunas audiencias consumir. No obstante, la obra explora por qué hemos relegado el hemisferio izquierdo, lo creativo, intuitivo y femenino por el lado derecho. ¿Por qué privilegiamos la lógica y cuándo decidimos reemplazar la intuición por ella?

Hrund Gunnsteinsdóttir es quien profundiza este tema luego de años trabajando como  alta funcionaria en temas de resolución de conflicto de la ONU. El trauma de las guerras y la poca comprensión sobre las verdaderas causas de ellas motivó a la experta a encontrar una respuesta a:

  1. ¿Por qué siguen las guerras?
  2. ¿Por qué fallan las soluciones a ellas?

La hipótesis es que, con el uso sólo de la lógica, nos hemos acostumbrado a vivir en un mundo de parches. Es decir, a tratar los síntomas y no las causas; reprimir con violencia para controlar y no conciliar; rechazar lo emocional por no ser representativo de “seriedad” y “madurez”.

En ese vaivén, reaccionamos ante el mundo que vemos y por alguna razón, siempre éste nos parece incompleto y, a veces, incoherente.

Una entrevista a la chamana Marti Spiegelman me dejó reflexionando porque, en mi caso, he descubierto que cuando siento un caos emocional o mental debo recurrir a la Naturaleza para encontrar paz.

En el diálogo expresó que nos han enseñado y,  hemos permitido en nuestra adultez, desviar nuestra conciencia y atención del Mundo a nuestro alrededor para enfocarnos en el “Mundo” que la Humanidad ha creado.

En la desconexión con la Naturaleza y la violencia masculina que hemos ejercido contra Ella (y lo femenino) ya sea por la religión, la política o causas alternas, está la clave del dolor.

La artista serbia Marina Abramovic habla sobre este tema y mostró su experiencia de proyectar el dolor de otros como un espejo en su trabajo.

“Debemos preguntarnos cuál es la conexión entre esta masculinidad violenta que incrementa, ¿se debe a que seguimos un patrón de violencia que amamos o que no sabemos cómo salir de él?”, expresó uno de los entrevistados.

InnSaei nos invita a reconocer que vivimos en un mundo emocional. Este es un documental no presto a la revolución sino a prender la llama que nos permita cuestionar cómo vivimos y si realmente “vivimos”.

Prepárate para un retrato de expertos que plantean hipótesis sobre nuestra relación cerebral, con la Naturaleza y la enseñanza de los contextos sociales que hemos recibido.

Deja abierta la posibilidad de que, si aprendiéramos técnicas de mindfulness (atención plena) e inteligencia emocional desde muy temprana edad, la resolución duradera de conflictos a niveles macros y micros sería la norma y no la excepción.

El silencio de la Tierra

Es un vacío de sonido lo engloba todo. Intentar oír tu propia voz es inútil.

Hoy no era el día más idóneo para ir a la laguna Quilotoa. El pronóstico del tiempo vaticinaba lluvias torrenciales y de regreso nieve comenzó a caer en los cerros.

Tampoco empezó bien para mí con una caída aparatosa en la mañana que dejó parte de mi cuerpo paralizado. Sin embargo, algo me decía que fuera a pesar del dolor.

Cuando llegué no habían turistas, solo los operantes de hostales cerca de la reserva. Niños regresando a sus casas de la escuela; algunos los perseguían las ovejas.

Descubrí por qué lo llamaban un lugar sagrado. Y bendije cuántos tropiezos tuve para llegar ahí.23472928_10155579437829845_5714452131029959267_n.jpg

Benditos sean estos centros energéticos que son un reflejo del más puro amor. Cuando la brisa tenue te abraza para reiterarte que no estás sola, que eres suficiente sólo por existir. Pero más importante decirte con la quietud que aquí eres parte de un todo porque tú también eres el todo. Que las preocupaciones creadas por la sociedad sólo son desvíos, distracciones de lo esencial.

Solía decirle a mis  amigos que cuando tuvieran que tomar decisiones se sentaran debajo de un árbol, después cambié y les pedía que abrazaran un árbol. Hoy pienso que es mejor que respiren conscientemente, que se pierdan en la majestuosidad de la madre naturaleza.

La Tierra nos enseña a amar, sanar, vivir. Quien busque maestros en otra parte pierde su tiempo.

Permitámonos la apertura para sentir el pulsar, conectémonos con la fuente de vida universal y seamos conscientes de cómo la usamos, cómo nos referimos a ella.

Somos abundancia porque ella es abundancia.  Regresemos a ella. Conservémosla.

 

(Fotos de Natalia Bonilla, Ecuador 2017)