Qué clase de energía traes al mundo

Hoy quiero preguntarte: ¿Estás consciente de la energía que traes al mundo?

Hay un hartazgo generalizado entre miles y miles de personas en las redes sociales y medios de comunicación por los conflictos en Siria, Yemen; los ataques terroristas en múltiples partes del mundo; las masacres en escuelas en EE.UU.

Entre las miles de interpretaciones y causas para ellas, todas muestran que hubo contenciones de energía que no se supieron canalizar a tiempo desde un nivel micro a uno macro como sociedad.

Lo cierto es que el sistema tradicional actual no nos educa -y no le conviene- a canalizar la violencia y la negatividad que consumimos voluntaria y obligatoriamente.

Ningún ser humano nació violento, la violencia es una conducta aprendida y por eso es tan importante responsabilizarnos por el tipo de contenido (mediático, entretenimiento y social) al que nos exponemos y que reproducimos en nuestros círculos más cercanos y comunidades.

Tenemos la opción de aprender a vibrar más alto, a ser luz y a vivir en equilibrio de nuestra luz y oscuridad.

Si te interesa conocer más de estos temas de metafísica y sanación, déjame saber en la sección de comentarios para continuar compartiéndote más artículos y vídeos de gran utilidad para tu andar.

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Dar gracias por lo que fue

Solían decirme que la gratitud no se ejerce un día al año sino cada uno de ellos…tenían razón.

A los cambios podemos huirles un tiempo. Hacer como que no  nos pertenecen, mantenernos en la zona de comfort, actuar como si nada. Pero si no tomamos acción, la vida tiene formas de presionarnos, empujarnos hacia el barranco hasta que no tengamos más remedio que emprender el vuelo si es que no nos queremos estrellar de bruces contra el suelo.

Creo que mudar piel asusta porque podemos perder el sentido de quiénes somos si  es que dejamos de ser quién éramos. Eso, partiendo de la premisa de que sabíamos claramente cómo definirnos. Inclusive, puede que nos preocupe más volver a construir una identidad y elegir dentro de las infinitas posibilidades quiénes ser ahora y si nos gustará ese perfil.

He identificado tres formas en que la vida me ha dicho tienes que cambiar:

1) cuando un área de mi vida me atormenta hasta ser mi único tema de conversación,

2) cuando veo que un camino o relación se acaba y,

3) cuando ya no me siento cómoda con la ropa que llevo puesta.

Sí, por más superficial que suene esa última confesión para mí es la más sorprendente. Porque con el ajetreo de los problemas existenciales uno no piensa en que la vestimenta dictará cómo nos sentimos. Sabemos su poder en cómo nos percibirán otros, es decir, nos vestimos diferente cuando vamos al trabajo que cuando vamos al supermercado. No porque queremos modelar nuevos estilos sino por las expectativas que tienen ciertos círculos y espacios. Sin embargo, fuera de atuendos formales para ceremonias o conciertos, ¿cómo nos hace sentir nuestra ropa casual?

En este año, mi “vida” ha sido empacada en dos maletas, una mediana y otra pequeña. Tengo muy pocas mudas de ropa ya que los libros, portafolios de proyectos y portátil pesan demasiado y tenía que elegir si vestir super bien o mantener mis materiales de trabajo.

Hace poco descubrí que al vestirme me disfrazaba de quién era antes y que, si quería dejar atrás esos demonios y pesares con los que luché, debía enfrentar el cambio completo.

A veces nos aferramos a las cosas (y a algunas personas) por la carga simbólica que les propinamos, no realmente porque cumplan con una función. Y no me refiero a que dejar ir implique botar a la basura sino también donar, regalar, vender. Traspasar, el génesis del intercambio.

En las tiendas de cuarzos siempre nos dicen que escojamos la piedra que más nos llame la atención y ya después busquemos su significado. Que una vez ella cumpla su propósito con nosotros, probablemente la olvidemos o se nos pierda.

Aprendamos a reconocer la diferencia entre el abandono (por miedos ocultos o negligencia) y dejar ir cuando ya es tiempo.

ian-schneider-108618Las señales están siempre. Busquemos formas sanas de celebrar los recuerdos, losmomentos extraordinarios, los seres queridos que se fueron, los amores que dejaron de serlo, agradezcamos su paso en nuestra historia. Cuidemos de no aferrarnos a ellos. Al igual que las estaciones, las personas cambian. En un mundo ideal quisiéramos que las emociones y promesas duraran para siempre, pero en la eternidad no se encuentra la belleza.

La belleza se encuentra en vivir lo que hay sabiendo que en un instante todo puede irse a la mier**. Se aprecian más los momentos así. Se aprecia más la vida de uno así. Hasta la misma naturaleza es impredecible.

Demos gracias por lo que fue y más importante, demos gracias por lo que hay. Aún si lo que hay parece insuficiente.

Cierro este post invitándolos a abrazar lo incierto. Está bien no tener todas las respuestas sobre cómo nos sentimos o hacia dónde va nuestra vida. Está bien reconocerlo y seguir, si es que funciona, viviendo el día a día hasta que tengamos convicción sobre las decisiones, los rumbos, los sueños y deseos. Las respuestas llegarán.

A ustedes, nuevamente gracias por seguir el blog y apoyar los múltiples inventos. Les mando mucha luz en sus procesos de agradecimiento (tanto si lo practican hoy como a diario) y brindo por todos nosotros, por todo lo que quisimos que no fue, por esas bendiciones ocultas que aún no podemos ver, por los tropiezos que hemos sufrido. Brindo por la persona en la que nos hemos convertido, la que podemos elegir mejorar y también rindo homenaje a todas esas cicatrices que todavía quedan por curar.

Mejores tiempos vendrán.

-Natalia

La suma de tus viajes y la magia del cero

En la Ciudad Mitad del Mundo no sientes que literalmente estás en la línea equinoccial ni en la Latitud 0,0′,0” a no ser de que alguien te lo diga, que los pasquines te lo recuerden o que el guía te lo repita una y otra vez. Al llegar al tope de la colina para entrar al complejo turístico, una sorpresa te invade. Quizás te falta un poco el aire por la altitud pero la vista más hermosa rodea la atracción. Estás entre montañas inmensas,  el ruido del pueblo y los coches desvanece con cada paso y sólo escuchas al aire susurrarte suavemente al oído.

Te preguntas, ¿qué vine a hacer aquí? ¿Por qué este lugar es significativo para mi ruta de viajes?

4D7D23A0-CCC9-44E4-8CA5-6A65E113E0A8.jpegLas respuestas a estas incógnitas no me llegaron de inmediato. Tuve que pasar tiempo en el lugar, sentarme en el suelo, observar. En mi primera visita a Ecuador, vine a la atracción en uno de mis dos días libres antes de realizar unas entrevistas y no imaginé que me llevaría una impresión tan grande.

Verás, mientras más me acercaba al monumento -construido en 1979- más me planteaba a dónde había ido y por qué no empecé mi ruta por el mundo aquí. La calma del espacio  era invasiva aún cuando de vez en cuando un grupo de turistas te sacaba de concentración con sus gritos.

¿Concentrarme en qué? En los viajes que hice, qué dejaron en mí, cómo cambiaron mi forma de ver cada cultura y país, cómo antes escogía cualquier motivo para viajar y ahora me tomo mi tiempo para planificar. Porque no se disfruta al máximo cuando se viaja para escapar. Se disfruta al máximo cuando viajamos para vivir, crecer, compartir, evolucionar.

Recorrí los cuatro puntos cardinales y caminé por la simbólica línea equinoccial (que en verdad es una franja de 5 kilómetros de ancho). Sonreí por lo trillado de las fotos y por la edificación de un sitio emblemático y tan sencillo como este.

Sin embargo, entre múltiples museos, cafeterías y estatuas de colibríes lo más que me llevé de esta experiencia fue reflexionar en la suma de mis viajes. ¿Cuánto aprendí de ellos? ¿Quién fui en cada uno? ¿Qué cambiaría si me tocara volver a las ciudades que una vez pisé? ¿Qué no me atreví a hacer por miedo o por no llamar la atención como periodista o viajera mujer?

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Pero más importante aún, me quedé con la sensación de no tomar los próximos viajes a la ligera. Que planificar está bien pero querer verlo todo en una misma semana sólo te pone más presiones de las que necesitas. Que es mejor dejar la vida pasar y fluir con ella. Ser parte de la historia de otras personas sin importar cuán breve sea el encuentro. Apreciar los intercambios cotidianos, el “buenos días”, el “disculpe dónde queda”, el “no se preocupe”, el “gracias por todo” mirando y diciendo también con los ojos.

Aceptar que fuimos un momento para alguien, comprender que ellos fueron un momento para nosotros y aprender la diferencia entre qué memorias atesorar y cuáles dejar ir.

Que la vida es muy bonita como para despreciarla porque no es como nosotros 1AB983CA-39F1-4A58-A610-AEEA8FC65756 (1)quisiéramos. Que tomársela muy en serio no lleva a nada bueno y que controlar todo lo que ocurre a nuestro alrededor, no nos hace más responsables. Nos hace menos abiertos al vaivén de la vida.

Todos somos pasajeros en ella, nuestro cuerpo algún día dejará de ser el vehículo compinche de nuestras aventuras. Y reconocer esa inevitable realidad está bien. Lo importante será estar felices con el modo en que preferimos vivirla porque cada elección tiene un precio.

Elijamos bien y cuando no, recordemos que mientras haya vida siempre podemos empezar de cero.

Siempre podemos elegir vivir de nuevo.

 

(Fotos por Natalia Bonilla, Quito 2017)

Poder decir adiós es crecer

A mis 20 tenía metas claras y el sueño trillado de querer cambiar el mundo.

A los 25 viví bajo la premisa de no saber nada, recibí golpes profesionales y emocionales que casi me tumbaron al suelo. En ese entonces, vivía el día a día con lo que cada uno tenía que ofrecer, dejé de estar presente, aferrada a las memorias del pasado y a la ilusión de revivir todo de nuevo. Dejé de soñar y toda oportunidad la tomaba como una más: perdí el sentido de la vida.

Me tomó tres años y muchos tropiezos comprender que sólo puedo trabajar en mí misma. Que todo lo demás es ilusión. Que la realidad es maleable, se crea e interpreta según la actitud. Que lo que es adentro, es afuera. Que por más deseos que tuve y lágrimas que derramé, muchas personas y oportunidades que quise no permanecieron. Aprendí que querer duele y que sólo amar libera.

Que resistirse a los cambios que benefician nuestro crecimiento sólo empeora el proceso, que el universo tiene nuestra espalda y que mientras muchos creen en el Maktub, sólo los sabios reconocen que el TODO está a disposición. Que somos energía capaces de construir y transformarnos hacia lo que verdaderamente queramos, por más que las normas sociales e ideologías políticas y religiosas dicten lo contrario.

Que Cerati dio en el clavo con su “poder decir adiós es crecer”, aunque ese adiós no sea aplicable para una pareja sino para una versión de ti misma. Que es tiempo de dejar atrás a la mujer que eras antes para abrazar la de hoy en construcción, aunque embarcarte en ese proceso implique resistir el dolor de los músculos al desgarrarse.

Que el barquito de la esperanza te conducirá a la frontera que impongan tus límites, mientras que el barquito de la fe te llevará a un puerto más brutal de lo que tus ojos y mente alguna vez pudieran haber visto o imaginado.


20170520_122503Hoy, con las rodillas desgastadas y una fuerza indomable, brindo por la magia de losnuevos comienzos y por las personas que, sin esperar nada a cambio, me dieron aliento, me abrazaron y guiaron en lo que fue el peor año de mi vida.

Gracias por no emitir juicios, por no dejarme sola y en cambio, permitirme ser parte de sus vidas a pesar de lo abatida que muchas veces me dejó esta tormenta. Pero sobretodo… gracias por ser faros increíbles de luz en el túnel más largo y oscuro que elegí caminar. Gracias a ustedes (y al cuidado de otros seres superiores), llegué al otro lado. Hoy puedo sonreír confiada en que “será bonito lo que quede por llegar.”

Namasté, ayer, hoy y siempre.