Ucrania en el tiempo de las revueltas

Incendios, palizas, asesinatos. Durante los pasados días, las protestas en Kiev, Ucrania, ya no son bien recibidas. Las nuevas leyes aprobadas el pasado jueves 16 de enero otorgan más poderes a las autoridades gubernamentales para reprimir a los manifestantes y la situación en vez de mejorar, ha empeorado.

Una legislación así pretendía amedrentar a la oposición, descontenta por la acción del presidente Viktor Yanukóvich de negarse a firmar el pacto de integración del Estado a la Unión Europea, un deseo que por más de una década ha definido el sentir de más de la mitad de la población.

En noviembre 2013, cuando Yanukóvich rechazó firmar el acuerdo y optó por ceder ante la presión de su homólogo ruso, Vladimir Putin, -quien otorgó en recompensa $15 billones en estímulo económico y la promesa de reducir la deuda petrolera-, más de 100,000 personas protestaron en Euromaidan.

Líderes de la oposición incluyendo Vitali Klitschko y Yulia Tymoshenko han asumido la discusión pública poniendo de relieve cómo la división étnica e ideológica en este país, entre la población netamente ucraniana y la rusa,  mantiene en el limbo su futuro.

Bueno, en el limbo no tanto, si consideramos que casi todos los presidentes posteriores han sido aliados o han privilegiado su relación con Rusia tras declararse independiente Ucrania de la Unión Soviética.

Entonces, ¿por qué la violencia? Porque la sociedad ucraniana no desea seguir “dependiente” en aras de definirse a sí misma como una democrática.  Lo cual es irónico si consideramos que para lograrlo esperan romper lazos con Rusia para unirse a otro sistema, la UE, como si eso resolviera la mentalidad de subyugado.

Ahora los manifestantes ha adoptado los gases molotov y las piedras como armas de defensa; mientras que la UE se mantiene callada y tampoco asume sanciones contra el régimen para que estabilice la capital.

Rusia mantiene que Occidente es el culpable de instigar las protestas pero, la violencia de estos pasados días sólo demuestra que el descontento y la tensión seguirá en aumento.

Así como, harto de la corrupción gubernamental, el pueblo formó la Revolución Naranja, un nuevo capítulo se está escribiendo en Ucrania en estos momentos.

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Hacia Ginebra II

¿Cuán exitosas serán las negociaciones de paz que buscan solucionar el conflicto civil en Siria?

Representantes de países del Occidente, “amigos de Siria” –E.E.U.U., Francia y Reino Unido, entre otros-, la ONU, la Liga de Estados Árabes, así como Rusia, un aliado firme al actual régimen de Bashar Al Assad, moderarán la discusión para alcanzar un esperado cese de hostilidades en Siria.

Una delegación de la Coalición Nacional Siria estará presente en la mesa. Sin embargo, es muy importante recordar que este grupo no representa los intereses de todas las partes involucradas en la oposición.

En el mejor de los casos, la conferencia de Ginebra II lograría un acuerdo para el desarme, el alto al fuego y el establecimiento de un gobierno transitorio en el que exista participación de miembros del gobierno de Assad y miembros de la amplia oposición.  Pero, hay varios bloqueos a esta solución y el principal es la negativa del Presidente en renunciar a su cargo. Para él y sus homólogos ruso e iraní esta crisis es materia de seguridad nacional y se ha atendido como a cualquier incidente de corte terrorista. Si bien al principio, la revolución no cumplía con ese escenario planteado, en el 2012 y 2013 con el respaldo de cédulas yihadistas esa narrativa se ha vuelto realidad.

Según el acuerdo final de Ginebra I firmado el 30 de junio de 2012,  una intervención por parte de la comunidad internacional quedaría fuera de la negociación. En el documento se reafirma la independencia y soberanía territorial de Siria y se suma al hecho que Rusia e Irán han rechazado la posibilidad y contemplado defender a Assad militarmente de llegar a ocurrir una incursión de Occidente.  Por más honorables que fuesen los motivos…

En los próximos días, conoceremos cuán fortalecida, reivindicada o debilitada está la voluntad política de los actores involucrados (ya desgastados) en la crisis.

La lucha interna ha dejado, entre controversias sobre el uso de armas químicas y posibles atentados terroristas, más de 125,000 muertos de acuerdo con el Observatorio Sirio de Derechos Humanos.  Podría sumarse a esta cifra la reciente noticia de que 11,000 detenidos fueron torturados y asesinados por las autoridades sirias.

Según ACNUR, 180,000 personas se han visto en la necesidad de desplazarse internamente por el conflicto mientras que más de 2.18 millones sirios han buscado refugio fuera de las fronteras nacionales.

La paz, según el Nobel

Por Natalia A. Bonilla Berríos | Columna publicada en 80 grados

Inesperada, abrumadora y controversial fue la nominación del presidente de Rusia, Vladimir Putin, al Premio Nobel de la Paz.  Su candidatura, propuesta por la Academia Internacional de la Unión de las Naciones del Mundo (AIUNM) el pasado 1 de octubre, tomó como referencia la mediación del líder en evitar una inminente intervención militar de Estados Unidos en Siria.

La denuncia estadounidense era explícita. El ejército de Bashar Al Assad había utilizado armas químicas contra su pueblo (claramente en violación de la Convención sobre Armas Químicas) y al cruzar la “línea roja” impuesta por el presidente Barack Obama, una represalia urgente era necesaria para legitimar la autoridad de la administración.

Esta medida de carácter abrupto fue considerada sin que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) hubiera finalizado su investigación. Una columna de opinión de Putin, publicada en la fecha simbólica del 11 de septiembre, dio revés a la situación y extendió el brazo de diplomacia rusa que asombró a muchos. Putin acordó con Assad destruir todo el arsenal químico con el fin de frenar un mayor conflicto.

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El gas que vendió Timoshenko

800px-Tymoshenko_Appointment_Feb04_2005Por Natalia A. Bonilla Berríos

A principios del mes de mayo, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos dictaminó que la detención de la ex primer ministra Yulia Timoshenko fue una violación de derechos humanos. Esta sentencia no tiene efectos inmediatos en torno a la libertad de la líder política pero sí contribuye a la mala reputación de Ucrania en la región.

Ciertamente, el caso de Timoshenko ha debilitado la imagen del Estado frente a sus homólogos que consideran su arresto un modo de controlar la oposición.  Timoshenko es considerada, por casi la mitad de la población, como una heroína tras su comando de la Revolución Naranja del 2004 que la llevó a ostentar el puesto de primer ministra por ocho meses en el 2005 y luego por tres años (2007-2010). Su firma de un contrato con Gazprom,  la principal compañía petrolera de Rusia, fue considerada como un acto impío que puso en desventaja a Ucrania frente a su vecino a pesar de que buscara solucionar la “guerra de gas” desatada en el 2010 y que mantuvo en tensión a todo el continente europeo.

El sistema de justicia del país declaró a la ex primer ministra culpable de corrupción, entre otros cargos, y decidió por una condena de siete años en prisión. Los fanáticos de Timoshenko y países europeos mostraron su descontento con el fallo y emprendieron campañas para su liberación. La más visible y comentada fue el boicot de algunos países a la Eurocopa 2012 hiriendo la economía y la credibilidad de Ucrania en el exterior. Ese mismo año, la propia líder inició una huelga de hambre que duró 18 días en aras de conseguir respaldo y atención internacional.

Ahora con este nuevo veredicto, la presidencia de  Víktor Yanucovich tambalea más que nunca. Su deseo de conseguir una membresía a la Unión Europea (UE) se disuelve al mismo tiempo que una oportunidad dubitativa parece rescatarlo.

Aquí la noticia más importante no es el futuro incierto de Timoshenko, si la dejarán en libertad o no -Yanucovich tiene el poder de otorgarle amnistía y ha expresado que de hacerlo, Timoshenko se vería obligada a pagar una multa (opción a la que ella se ha negado)-sino el chantaje, primero implícito y cada vez más evidente, de Rusia con Ucrania.

Es un secreto a voces que después del colapso de la Unión Soviética, Rusia ha buscado restaurar su imagen imperial y expandir por ende, su influencia en la región. Bajo la administración de Vladimir Putin  se comenzó a orquestar una estructura similar a la UE llamada Unión Euroasiática que consiguió en el 2008 el respaldo de Kazajistán y Bielorrusia. Para distanciarse de las críticas inmediatas referentes a que el modelo realmente respondía a pasados intereses soviéticos, Putin dejó claro que los beneficios serían de índole económicos. Ucrania, como aliada de Rusia en las pasadas décadas, fue invitada a unirse pero tras la inestabilidad doméstica, entrada en su presidencia Yanucóvich prefirió una anexión con la UE parcializado por el trato desventajoso que hizo Timoshenko en el 2008 y la hostilidad recibida en la superada guerra de gas en el 2009.

El gas, ese preciado recurso natural que poseen Rusia y Ucrania en vastas cantidades, ha sido el hilo conductor en las disputas sin olvidar que el segundo, había cultivado una deuda millonaria a Gazprom inclusive antes del acuerdo de Timoshenko.

Ahora que en el 2013, Putin sube al poder nuevamente como presidente una de sus prioridades en este mandato es la reintegración (simbólica, política, económica; todavía sin esclarecerse oficialmente) de los estados post-soviéticos.  Yanucóvich, un líder poco diestro en diplomacia, podría sucumbir a este deseo tras ver jamaqueada su estrategia de ‘conseguir lo mejor de ambos mundos’.

Con esta sentencia del tribunal europeo, las puertas de un lado se le han cerrado hasta que no resuelva sus diferencias políticas con Timoshenko, quien en otras ocasiones se ha visto involucrada desafiando la ley con sus negocios. Por otra parte, el líder se está viendo obligado a enfrentarse sin más rodeos y sin muchas cartas a su favor a Rusia, un Estado que se ha negado a disolver el acuerdo firmado por la ex primer ministra y que ha llegado la hora de responder ‘cara a cara’.

Siria, dos años de impunidad

La revolución siria ha sido un intento frustrado. Hoy se cumplen dos años desde que el pueblo se uniera a la Primavera Árabe y  700,000 muertes y 1 millón de desplazados después, no se ve fin cercano a la guerra civil.

Ante este panorama, la guerra en Siria ha cobrado una nueva dimensión y más actores podrían intervenir si no se hace algo pronto. Y es que si vemos el conflicto, desde un lente exterior, no hay muchas salidas.

Escucha la cápsula de análisis de En Perspectiva con Natalia Bonilla.