Humanizar las vidas al otro lado del Mediterráneo

Náufragos con vida y otros sin esa suerte.  Así termina un grupo de los miles de inmigrantes que intentan cruzar el Mar Mediterráneo desde Libia,  Siria y otros países de África hacia Europa en embarcaciones sin capacidad para aguantar el número de personas a bordo. Conocidas también como pateras, más de 100,000 hombres, mujeres y hasta familias enteras han sacrificado todo lo que tienen en sus lugares de origen -usualmente escapando del caos político o social-, por alcanzar una Europa de la esperanza. Por ser parte de la promesa de recibir asilo y mejores oportunidades laborales. Algo que pocas veces ocurre.

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Ucrania en el tiempo de las revueltas

Incendios, palizas, asesinatos. Durante los pasados días, las protestas en Kiev, Ucrania, ya no son bien recibidas. Las nuevas leyes aprobadas el pasado jueves 16 de enero otorgan más poderes a las autoridades gubernamentales para reprimir a los manifestantes y la situación en vez de mejorar, ha empeorado.

Una legislación así pretendía amedrentar a la oposición, descontenta por la acción del presidente Viktor Yanukóvich de negarse a firmar el pacto de integración del Estado a la Unión Europea, un deseo que por más de una década ha definido el sentir de más de la mitad de la población.

En noviembre 2013, cuando Yanukóvich rechazó firmar el acuerdo y optó por ceder ante la presión de su homólogo ruso, Vladimir Putin, -quien otorgó en recompensa $15 billones en estímulo económico y la promesa de reducir la deuda petrolera-, más de 100,000 personas protestaron en Euromaidan.

Líderes de la oposición incluyendo Vitali Klitschko y Yulia Tymoshenko han asumido la discusión pública poniendo de relieve cómo la división étnica e ideológica en este país, entre la población netamente ucraniana y la rusa,  mantiene en el limbo su futuro.

Bueno, en el limbo no tanto, si consideramos que casi todos los presidentes posteriores han sido aliados o han privilegiado su relación con Rusia tras declararse independiente Ucrania de la Unión Soviética.

Entonces, ¿por qué la violencia? Porque la sociedad ucraniana no desea seguir “dependiente” en aras de definirse a sí misma como una democrática.  Lo cual es irónico si consideramos que para lograrlo esperan romper lazos con Rusia para unirse a otro sistema, la UE, como si eso resolviera la mentalidad de subyugado.

Ahora los manifestantes ha adoptado los gases molotov y las piedras como armas de defensa; mientras que la UE se mantiene callada y tampoco asume sanciones contra el régimen para que estabilice la capital.

Rusia mantiene que Occidente es el culpable de instigar las protestas pero, la violencia de estos pasados días sólo demuestra que el descontento y la tensión seguirá en aumento.

Así como, harto de la corrupción gubernamental, el pueblo formó la Revolución Naranja, un nuevo capítulo se está escribiendo en Ucrania en estos momentos.

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