Cuatro consejos para tomar un año sabático

Si uno de tus sueños es darle la vuelta al mundo en 360 días o tomarte un año sabático del trabajo o los estudios para conocer nuevas culturas o encontrarte a ti misma, aquí te comparto varias lecciones que me dejó mi proceso.

Planifica gran parte de lo que será el año que jamás olvidarás y prepárate para el crecimiento exponencial que vivirás en todas las áreas de tu vida.

Establecer rituales de apoyo a tu proceso tales como llamadas a tus seres queridos, documentar tus apuntes en un blog o libreta, practicar algún tipo de meditación o técnica de relajación te será de mucha ayuda para los momentos de soledad e inseguridad que vendrán.

En este período probablemente cuestionarás tu proceso, tus decisiones, lo que hiciste en tu vida antes de este viaje, quién eres y hacia dónde vas. Esta parte es completamente normal y sentirse sobre abrumado/a también. Puede que encuentres las respuestas con facilidad y puede que algunas preguntas se queden sin contestar.

Sé amable contigo misma/o y honra tu proceso, no hay razón alguna para comparar el éxito o fracaso de tus experiencias de vidas con las de lo/as demás.

Simplemente son experiencias, historias para contar. Vívelas.

Si eres una mujer viajera, este post también te gustará. 

Fluir

Sumergirse en el agua fue fácil hasta que olvidé respirar.

¿Cuánto podemos aprender del agua? Es moldeable, contiene, desborda, acoge, refresca, ahoga. Con la temperatura se transforma, con el espacio se conforma. Es paciente, temerosa, abundante, escasa y vasta en uniformidad.

Nos recibe, nos expulsa, nos mueve, nos paraliza.

Es, a mi parecer, de las mejores maestras naturales para enseñarnos a fluir.

Recuerdo cuando fui a un cenote mágico en Tulum. Mágico porque, según la leyenda de ciertos ascendidos, ahí habitaba “el abuelo”. Regresaba de un viaje muy fuerte física y emocionalmente en Costa Rica y me recomendaron visitarlo y hablar con él.

No esperé ver el cenote tan comercializado y preparado para atender a decenas de turistas hippies de varias partes del mundo y el resto, familias enteras sacándose miles de fotos.

Me zambullí. Comencé a nadar estilo mariposa aunque mi cuerpo anhelaba bucear como hacía en los ríos de Puerto Rico. Tuve problemas para sostenerme en la faena porque me faltaba aire.

Continué por unos minutos pero no pude disfrutar más, empecé a sentir pánico.

 

Salí del agua para recorrer la estructura toda escondida y descendida. La corriente del agua es lenta y el piso es inestable, a veces te topas con formaciones rocosas a relieve, árboles y hábitats de peces o tortugas.

Me moví de zona y calculé la profundidad del agua en una cueva que colindaba con el otro extremo del cenote. Una cueva de un centenar de metros de distancia. Nadé y al poco tiempo, volví a sentir pánico. Me apresuré ya por nadar como si mi vida dependiera de ello, me faltó el aire.

Olvidé respirar.

Sorpresa la mía cuando mis pies ya podían caminar sobre el piso de arena blanca como las estrellas y miré hacia atrás.

Hacia la inmensidad.

Conecté con el agua cristalina, la sentí deslizarse por mi piel como mantequilla líquida, me recosté de las estalactitas, busqué al abuelo pero no lo encontré.

Entre parejas que querían capturar besos en una foto, me eché a flotar.  Permití que el agua hiciera lo que quisiera conmigo. Inundó mis oídos, cubrió mi cuerpo como un manto, me transportó por el cenote. Y abrí los ojos sólo para ver el cielo más azul saludarme de vuelta. Sonreí y los peces me golpearon los pies.

¿Qué sucede cuando fluimos? Confiamos. Somos.

Nos quitamos el peso de cómo debería ser la vida. Descubrimos que hay suficiente aire para llenar nuestros pulmones.

¿A qué nos resistimos a sentir, a creer, a vivir? ¿Qué nos quita en vez de aportarnos?

¿Por qué tememos dejar ir?

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Puede que una de las mayores lecciones que nos toca aprender no es soltar el control sino saber cuándo.

Por aferrarme a una versión antigua de mí misma, bloqueé la nueva mujer en la que me había convertido. Diría que no conscientemente ni por el cómfort sino porque cuesta construir sobre lo incierto. Haber mudado piel te deja preguntándote si la actual te queda bien, si la mereces y qué te falta para vivir al cien. Como antes, porque nuestro marco de referencia es el pasado y no lo posible. Lo posible es intangible y nos enseñaron que lo que no está escrito y comprobado no es una apuesta segura.

Fluir es saber cuándo confiar en la corriente. Fluir es ir por el sueño y arriesgar el aire con tal de llegar a un hermoso lugar. Fluir es reconocer que, ante el peligro, sabemos nadar. Fluir es entender que al dejar ir el control, pasará lo que tenga que pasar y de la más elevada manera.

Namasté hoy y siempre.

-Natalia

P.S. Encontré al abuelo, en otro post les contaré qué tal fue. 

Un viaje al centro de la Tierra

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La entrada al túnel no es fácil. El piso es muy mojado, rocoso e inestable.  La vista tarda unos minutos en adaptarse a la oscuridad.

No soy muy fan de los guías turísticos de sitios cerrados porque tienen un discurso muy preparado y mecánico que le quita la diversión a la historia que te quieren contar. Muchas fechas y cálculos para explicarte la historia de la Catedral de Sal, considerada la primera maravilla de Colombia. Y vaya… que te lo recuerdan una y otra y otra vez.

Tras varios accidentes, esta mina se convirtió en un templo religioso y varias de sus bodegas fueron esculpidas para representar las estaciones del viacrucis. Si no eres fan de la religión, mirar más allá de las cruces y las muy abstractas obras de arte te ayudará.

Pero no por mucho tiempo, ya que el recorrido es rápido y los guías cada vez que pueden te regañan por sacar la cámara para selfies y esas fotos extraordinarias. Hay que ser pacientes y esperar hasta el final del tour, cuando tengas libertad de movimiento para recorrer las bodegas en tranquilidad.

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Quizás lo más impresionante de esta mina ubicada a unos 200 metros debajo de la Tierra es cuánto le hace justicia a cuanta película galáctica existe.

La forma de los cráteres, los colores (algunos iluminados con luces artificiales para el show), las texturas de los minerales y el distintivo olor (a playa sin brisa) es motivo de asombro.

Una vez llegas a la iglesia, que era utilizada por los mineros para misas y luego, para el público general, reafirmas la devoción de esta construcción. Pensar en los riesgos que conlleva la excavación y agradecer a los cielos y sus ángeles (estatuas por todas partes) por cuidar del personal y sus visitantes para que no sucumba nuevamente esta obra.

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Para los que se pregunten cuánta sal realmente necesitamos para seguir excavando, sepan que la necesidad de sal va más allá de la cocina y el yodo del hospital.

Según aprendí en esta visita, esta sal se utiliza para la confección de jabones, detergentes, papel, cuero, la industria química, el procesamiento de metales, la construcción de carreteras, etc.

Muy útil pues.

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En el gozo del libre albedrío después del recorrido guiado, pegué mis manos a las paredes para reenergizarme. Me tomó unos minutos sentir la energía pero sí, las brillantes paredes de roca y tierra tenían una energía tenue que con el pasar del tiempo se volvía sólida. Lo más lindo de ese encuentro con las pulidas  entrañas de la Tierra fue sentir que estaba viva. Sentir en las manos su palpitar. Ya cuando llegas a esa profundidad, el ruido de las personas no se escucha, los ecos no resuenan a menos que quieras gritar.

Esta no fue una visita sino una expedición. Se siente así. Que estás en caminando en un lugar extraño que se parece a la Luna, Marte y paisajes similares a Interstellar (2014) combinados con The Core (2003).

¿Visita recomendada? Sí, quince veces sí.

Aún si no eres muy amante de la religión, este lugar es un imperdible de Colombia y una de las pocas atracciones sin par que conocerás en tu vida.

 

(Fotos por Natalia Bonilla)

Cómo hacer turismo sostenible

Puede que elijamos viajar por razones gastronómicas, conocer nuevas culturas, salir de la rutina diaria, tomar vacaciones o inclusive escapar. Lo cierto es que hay múltiples razones para hacer turismo y hoy quiero que conozcas la diferencia entre el turismo tradicional y la nueva modalidad de turismo sostenible.

¿Por qué pensar en el turismo sostenible? Porque viajar hace parte de una industria que cada vez crece más y que representa un 10 % del Producto Interno Bruto mundial.

El turismo tradicional ha caído en popularidad con el tiempo principalmente por su impacto negativo. Resulta que un turista genera el doble de residuos o basura que un residente. Aparte de que ya sea en un tour designado o viajes organizados por cuenta propia, no había un interés por conocer qué sucedía con los destinos o con las culturas que visitábamos o fotografiábamos después de que nos fuéramos. También, implica otros riesgos como la inseguridad, la trata, la pérdida de identidad de las localidades y la comercialización excesiva de estas, que pone en detrimento la calidad de vida de los nativos.

Con el fin de contrarrestar este problema, proteger la biodiversidad y respetar culturas, nace el turismo sostenible. Fueron muchas las conversaciones que originaron este concepto, producto de los Objetivos de Desarrollo de Milenio y ya incorporado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible para la Agenda de 2030.

Según la Organización Mundial de Turismo, el turismo sostenible es la práctica “que tiene plenamente en cuenta las repercusiones actuales y futuras, económicas, sociales y medioambientales para satisfacer las necesidades de los visitantes, de la industria, del entorno y de las comunidades anfitrionas”.

Es decir, hacer turismo sostenible es más una decisión de individuos que están interesados en el impacto medioambiental, económico y social que generan en el destino que visitan por lo que es muy probable que apoyen a aquellas empresas que respeten y compartan estos valores.

Hay tres áreas que esta práctica atiende: ambiental, económica y sociocultural. La primera tiene que ver con la planificación e implementación de políticas públicas que ordenen la educación y conservación de la naturaleza así como la reducción de la contaminación y búsqueda activa de fuentes de energía renovable. La segunda va dirigida a la capacitación y certificación de los operadores de empresas turísticas y los incentivos que se les otorga para que emprendan buenas prácticas. Y la última está ligada a regresar a la génesis de la cultura, los valores y costumbres de cada país y el respeto de un pasado no contaminado por tendencias de moda o la globalización.

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Hay muchos países e islas que destacan por sus prácticas en turismo sostenible, entre ellos:

  • Costa Rica: Un país rico en biodiversidad que produce más de un 90 % de su energía eléctrica a base de fuentes renovables.
  • Palau: Su protección y promoción consciente de reservas forestales, islas aún vírgenes y arrecifes de corales bajo la iniciativa Palau Project ha apoyado la economía local y admiración de muchos.
  • Bután: Uno de los países con más requisitos de visa y que exige a turistas tener un operador local de viajes certificado para poder entrar al territorio. Sepan que $65 de los $200 dólares estadounidenses que hay que pagar diariamente en impuestos va destinado a mantener sustentable las prácticas turísticas y proveer acceso de salud y educación gratuita a sus habitantes.
  • Noruega, Finlandia e Islandia: Los conocemos por ser de las naciones más felices del mundo pero también de las más sustentantes por adoptar iniciativas que buscaba promover la economía local, la conservación del medio ambiente y certificar destinos como sostenibles.
  • Las Maldivas: Seguramente has visto incontables fotos de celebridades que viajan a este archipiélago para despejarse y perderse en sus aguas cristalinas. O tal vez, sabes de su lucha contra el cambio climático ya que esta pequeña nación es vulnerable al aumento en el nivel del mar. Sin embargo, cuenta con una extensa red de proveedores hoteleros y turísticos certificados en prácticas de sostenibilidad.
  • Namibia: Se convirtió en el primer país africano en incorporar a nivel constitucional la protección del medio ambiente y su Ministerio de Turismo se ha encargado de observar y ofrecer paquetes turísticos que exponen a visitantes a la cultura local de una forma respetuosa y con el menor impacto posible a las tribus y zonas ecológicas.

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Si te preguntas cómo hacer turismo sostenible, aquí te proveo algunas recomendaciones:

  • Sé consciente de tu huella ecológica: Consume el agua y la energía eléctrica con responsabilidad, minimiza tu generación de residuos y reutiliza ropa según sea posible.
  • A la hora de planificar tu viaje, elige proveedores de hospedaje o servicios que te ofrezcan garantías de respeto al medio ambiente y el comercio justo. Si eliges quedarte en un hotel investiga su uso eficiente de energía.
  • Además, restríngete de adquirir flora o fauna protegida del lugar, por más lindo que se vea un mono o un tigre bebé respeta su hábitat. Algunas de estas especies son protegidas por ley y cualquier daño o robo puede constituir un delito.
  • Cuando compres regalos o souvenirs, busca productos creados por artesano/as locales. Lo mismo aplica a la hora de comer, apuesta por lo autóctono en vez de las grandes cadenas de comida rápida. De esta forma ayudarás a crecer la economía local y, según el menú que escojas, comer más saludable.
  • ¡Haz ejercicio! Qué mejor forma que reducir emisiones de CO2 y pasear por una ciudad que en bicicleta. Claro, hay lugares donde hay carriles y sendas habilitados para este deporte pero siempre que puedas, considéralo.

Por último, cierro este post invitándolos a reflexionar. Cuando viajamos somos rostros pasajeros en la vida de las personas de una localidad y ellos en la nuestra. Seamos conscientes del impacto de cada encuentro.

Decía Dagobert Runes que “las personas viajan a destinos distantes para observar, fascinadas, el tipo de gente que ignoran cuando están en casa”, rompamos el ciclo.

Repensemos nuestra forma de hacer turismo.

“No hay tierras extrañas. Quien viaja es el único extraño”. – Robert Louis Stevenson

El silencio de la Tierra

Es un vacío de sonido lo engloba todo. Intentar oír tu propia voz es inútil.

Hoy no era el día más idóneo para ir a la laguna Quilotoa. El pronóstico del tiempo vaticinaba lluvias torrenciales y de regreso nieve comenzó a caer en los cerros.

Tampoco empezó bien para mí con una caída aparatosa en la mañana que dejó parte de mi cuerpo paralizado. Sin embargo, algo me decía que fuera a pesar del dolor.

Cuando llegué no habían turistas, solo los operantes de hostales cerca de la reserva. Niños regresando a sus casas de la escuela; algunos los perseguían las ovejas.

Descubrí por qué lo llamaban un lugar sagrado. Y bendije cuántos tropiezos tuve para llegar ahí.23472928_10155579437829845_5714452131029959267_n.jpg

Benditos sean estos centros energéticos que son un reflejo del más puro amor. Cuando la brisa tenue te abraza para reiterarte que no estás sola, que eres suficiente sólo por existir. Pero más importante decirte con la quietud que aquí eres parte de un todo porque tú también eres el todo. Que las preocupaciones creadas por la sociedad sólo son desvíos, distracciones de lo esencial.

Solía decirle a mis  amigos que cuando tuvieran que tomar decisiones se sentaran debajo de un árbol, después cambié y les pedía que abrazaran un árbol. Hoy pienso que es mejor que respiren conscientemente, que se pierdan en la majestuosidad de la madre naturaleza.

La Tierra nos enseña a amar, sanar, vivir. Quien busque maestros en otra parte pierde su tiempo.

Permitámonos la apertura para sentir el pulsar, conectémonos con la fuente de vida universal y seamos conscientes de cómo la usamos, cómo nos referimos a ella.

Somos abundancia porque ella es abundancia.  Regresemos a ella. Conservémosla.

 

(Fotos de Natalia Bonilla, Ecuador 2017)